· Disminución del rendimiento académico.
· Notas bajas a pesar de esforzarse.
· Preocupación o ansiedad frecuentes.
· Negación repetida a ir a la escuela o tomar parte en actividades infantiles normales.
· Hiperactividad o inquietud constante.
· Pesadillas persistentes.
· Desobediencia o agresión persistentes.
· Berrinches o rabietas frecuentes.
· Depresión, tristeza o irritabilidad.
· Problemas graves en la familia, entre ellos el divorcio o la muerte de un ser querido
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